lunes, 16 de noviembre de 2015

Crónica | Ahora vengo para que lloremos

Con una canción que no enmarca más que recuerdos nostálgicos y una atmósfera que revive el silencio ausente durante más de medio siglo, miro a la cara de las personas a mi alrededor, cabezas llenas de canas de experiencia, arrugas que decoran sus llorosos ojos y sonrisas totalmente hipócritas al momento. Les enseñaron a no llorar, porque no es de caballeros ni de damas, pero hoy, es simplemente inevitable.
Rocío Londoño, una mujer de 75 años, mira fijamente hacia la tarima del lugar que sería el baúl de los recuerdos más grandiosos que vivió, el Club Medellín. Fundado hace 66 años y llevando el nombre de la ciudad, este club, originalmente ubicado en La Playa y antes de diez años trasladado a lo que conocemos como la calle Colombia entre El Palo y Girardot, se convirtió en un símbolo de la sociedad antioqueña, pero más que eso, para ella y para el resto de socios, este se convirtió en el lugar, como ella lo describe, “más maravilloso del mundo”.
Hoy, después de ser socia durante 45 años, en sus ojos azules no se refleja la tranquilidad de siempre, las lágrimas funcionan como lupas que solo magnifican el dolor que le produce ver el último día de servicio de este lugar que ahora solo queda en el recuerdo de momentos como las primeras comuniones de sus seis hijos, el matrimonio de los únicos cuatro que se casaron, la celebración de sus bodas de plata, oro y diamante, celebraciones de fin de año, así como muchos cumpleaños y fiestas con las orquestas y artistas más grandes del país y de la región, entre los que se encuentran Claudia de Colombia, el Combo de las Estrellas, la Billo’s Caracas Boys, entre muchos otros que estuvieron a cargo de hacer inolvidable cada momento.
Rocio nació en Quinchía, Risaralda un pueblo enmarcado por el café y carreteras destapadas que se pierden entre montañas que se funden entre azules infinitos llenos de nubes que parecen una tierna pintura de un niño que apenas da sus primeros trazos, una cultura macihista y patriarcal, un padre que nunca la dejó tocar un plato o una escoba, diamantes y esmeraldas adornaban su cabeza y hacían juego con sus delicadas manos que nunca aprendieron nada más que el arte de escribir en máquina y que más tarde se encargarían de cargar hijos, dar los toques finales a la ropa que arreglaban sus dos empleadas del servicio, alistarle “la pinta del día” a Gerardo, su esposo, entre otras labores que nunca se salieron de lo cotidiano, de lo delicado, de lo que debía hacer toda una “dama de sociedad” tal y como le enseñó su papá.
Ella y William Montoya, mesero desde hace 18 años, lo recuerdan como un lugar acogedor, bonito y con mucha altura, el cual empezó con cerca de 750 socios, llegó a tener 1100 y hoy cierra sus puertas con tan solo 120. William culpa de esta decadencia a la alta selectividad que tenían los dirigentes para dejar entrar o no un nuevo socio, “la gente tenía que pasar hojas de vida para entrar y una carta de retiro para salirse” dice él mirando hacia el suelo, y aunque entre estos 120 socios se hizo hasta lo imposible, “pasadas administraciones no se interesaron por nuevos clientes y por los jóvenes que están más seguros aquí que en la calle, un club da seguridad”. Este lugar le deja solamente gratos recuerdos a él, y señala que conoció a padres, hijos y nietos de una misma familia, se encariñó con más de una generación.
Todo el mundo se conoce, todo el mundo se saluda, todo el mundo llora, pero ahí va ella, elegante como siempre, alta y con una sonrisa que siempre impacta, pero que esta vez no logra ocultar su tristeza, voltea y señalando la pista de baile me dice: “Alfonso Fernández, director de Los Black Stars decía que esta era la única pista de mármol de toda Colombia”, entonces,  mira a los socios que bailan y a los que están sentados mirando hacia el vacío, ¿qué más vacío que el que deben estar sintiendo por ver irse ante sus ojos el lugar de sus más preciados recuerdos?. El club es como un hijo para ellos, y como hijo ellos esperan irse de este mundo antes que él. Por su lado pasa un señor de unos 60 años de edad, un poco pasado de tragos y le dice: “doña Rocío, que dolor tan hijueputa, ahora vengo para que lloremos”.
Ahora este club olvidado por las nuevas generaciones, que no entienden en su mayoría lo que significa para la ciudad y su historia la partida de este, da paso a algo paradójicamente lleno de jóvenes, una universidad (CENSA), que dejará las instalaciones tal y como están en este momento y como estuvieron durante cerca de 60 años, mostrando así que un club, o al menos este, no son un lugar, son las personas, las memorias y las anécdotas que estos guardan como tesoros en sus corazones, y que se irán el día que todas las generaciones que alguna vez tuvieron algo que ver con el club, se hallan ido o se olviden de este, así como Medellín se olvidó de él.

martes, 3 de noviembre de 2015

Historia | Sin título


No sabia de calibres, de marcas o materiales, no me importaba, solo sé que el gatillo y mi índice fueron uno solo esa noche; le hice el amor a un revolver, y le hice la muerte, si es que esta se puede hacer, a la carne, a la cabeza de una mujer. 
Cargué la sangre de la culpa hasta lo que podría llamar hogar, nos tendimos en lo que quedaba de cama, abrí la nevera y el olor a leche descompuesta inundaba la habitación; cadáveres, leche, queso, que gran día para la que la muerte fría y silenciosa conociera esta piel. Desde que estoy en esta casa me acomodo a los estruendosos ruidos del silencio, y del barrio, un vallenato para bailar o llorar, o que tal salsa para lo mismo, a veces, el merengue no permite explorar esta dialéctica y las rancheras me manchan de un cursi amor. Pero esta noche es para celebrar, he hecho algo, he tocado una vida, no lo quería ¿o sí? Ya nada importa, ahora cierro la puerta de la nevera y con los destellos de lo que queda de vida ahí afuera, ella y yo bailamos, bailamos hasta que cada músculo me duele, me arde, tengo sed y en mi garganta no queda nada más que el recuerdo del agua con barro que tomé hace unas horas, pero ya para qué sed ¿o sí? Solo está la gratificación del trabajo bien hecho, de la vida bien vivida y de la vida bien robada. 
Hasta la madrugada, mis pies conocieron el frío del cemento y la sangre poco a poco empezaba a salir, era hermosa, era como tener pistas de cómo seguir, de cómo seguir bailando; que no pare el vallenato, que no pare la salsa, que aquí este servidor de la vida y de la muerte, quiere seguir bailando, porque por fin es dueño de algo. 
Ya es hora de dormir preciosa vida, ya es hora de descansar hermosa muerte, es que ni sé cómo llamarte, ni sé cómo tocarte, soy tan tuyo y tú eres tan mía; nos tendemos en la cama, yo con un revolver en mi mente y ella con el corazón en la mano. La beso, como muchos besan a la vida, la agarro por la cintura y hago de ella lo que muchos han hecho de mí, el amor en el silencio, el amor en la oscuridad, el amor que no puede ser amor, es hora de partir, ya la nevera no es lo único que vicia esta habitación, el agua con barro espera por ti hermosa, lloraré por semanas, la culpa será mi aliada, hasta que por fin, yo, vuelva a buscar otro nombre, vuelva a querer ser alguien. No conozco un dolor más grande que la culpa, espero que ella conozca a alguien más que grande que yo.

Una despedida | Qué es la vida, una ilusión

-Alejo, ¿usted es feliz? 
-No, no creo

-Juuum eso, va muy bien hombre, siga así…

Conocí a Camilo, con los pantalones al revés, sí, teníamos unos ocho o nueve años. Nos volvimos compañeros unos años más tarde y me encontré a una persona sencilla, sincera y que sí, estaba loco. No fue el mismo después de Budha Blues y entendió, como muy pocos lo hacen que su vida era ahí y ahora, nunca desperdició tiempo; la lectura, los amigos, la bicicleta, sus papás, abuelos, la fotografía, geología y muchas otras pasiones, daban, misteriosamente vueltas en su vida.

-Alejo, ¿qué le ha dicho su papá de mí? 
-¿Que qué es Kumarag? 
-Un almacén de ropa.

Es que a nadie más se le ocurre ir de chanclas al colegio; verlo comer papas de limón, era un desafío, verlo desafiar al un profesor, era cosa de casi todos los días. 

-Pille, pille; no voy a hacer nada en este clase hasta que Calvin explote.

Pero quién iba a explotar de mala manera a bromas inocentes, a discusiones que casi nunca salían bien y que como le decía, parecían sacadas de El Chavo. Inteligente, no porque me lo parezca, sino porque así lo demostró, lo que no le gustaba no tenía problema no es solo decirlo, sino en dejarlo de hacer, ver bailar a Camilo, es un privilegio que pocos tuvimos, se enamoró de la bicicleta, de la naturaleza y de la vida; “¿Alejo, cada día me parezco más a su tío?”. 
Siempre estuvo orgulloso de su papá, cada logro, era un logro de los dos; él no tenía mamá y hermana, él tenía las mejores amigas; si algo era importante para él, era saludar a sus “viejitos”. Biuty, Fayuri, Cabezón, Cami, Fayu, Locadio…; solo le puedo decir que gracias, gracias por la risas, por las lecciones, por decirme que me amaba, por abrirme las puertas de su casa, de su vida, por sus historias, locuras, nobleza, por esa risa tan hoooorrible, esa impuntualidad tan perfecta, ese talento para hacer entender, que hacer nada, no era ser infeliz; pero que ser feliz, era salir a intentarlo, y así, ayudándole a recordar a una viejita con Alzheimer, me enseñó que la memoria se queda corta, cuando es un loco el que decide escribir su vida.

-Oe Biuty venga yo le tomo una foto.
-¡No, usted no sabe, venga yo se la tomo! 
-¡Que yo si sé! 
-¿Qué es obturación? 
-Ah bueno, hágale usted. 
-Eso Alejandro, pose pose que lo suyo es la cara y lo mío las manos. 
-Camilo, sus dedos son taaaan feos.

– JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJJA que chimba de foto.

Opinión | Para que le den un sí

¿Que qué se va a poner?, ¿de qué le va a hablar?, ¿y qué loción se va a echar?, para todo eso ya existe un tutorial o unas reglas básicas que usted puede encontrar en internet y que le sugieren desde hablarle de su compatibilidad en el horóscopo, hasta ponerse un blazer verde oliva con unos mocasines rojos para ir a almorzar al centro. Pero, ¿qué no debe hacer un caballero por nada del mundo en la primera cita?, aquí hay cinco reglas básicas.
Metámonos pues en el papel y empecemos: primero; por nada del mundo le diga que se encuentren en un lugar, no sea amarrado, vaya por ella, sino tiene en qué, pague taxi o camine, si le tocó recurrir a la segunda, gaste neuronas y llévela a un lugar que les quede cerca, no se ponga a hacer gracias, nadie le va a hacer el viacrucis a la primera. Segundo, digamos que ya la embarró, no le vaya a decir que se encuentren en una estación del Metro y menos en hora pico, es más fácil que un daltónico encuentre a Waldo a que usted la encuentre a ella. 

Tercero, si usted es intolerante a la lactosa, no la lleve a comer helado, evítese esa pena, además usted no sabe cómo le funciona el cuerpo a su “cita”, así que hágale de paso el favor a ella; cuarto, por nada del mundo se le vaya a ocurrir aceptarle el “miti y miti” o algo por el estilo, sepa y entienda que ella le va a insistir por cortesía, nada más, pero si usted acepta, no espere una segunda oportunidad. Quinto, no le vaya a coger la mano en público, más fácil róbele un beso, porque lo más probable es que usted tenga las manos sudadas y pegajosas como niño de kínder después del recreo.
Por último, no se vaya a poner de tacaño, porque no falta sino que usted sea de esos que van a cine antes de la tres de la tarde un miércoles con tapa de gaseosa, ¡ah y lo peor! Se lo cuentan a ella como si su tacañería fuera motivo de orgullo o sinónimo de viveza. Haga un esfuerzo y no solo vístase bien, huela a rosas y hable de la compatibilidad de los acuarianos con los capricornianos, siga estos “no” para que a la próxima le den un sí.

Opinión | para ser "fitness"

Primero que todo tiene que aprender cierto vocabulario, por ejemplo, bajo en calorías, “light”, sano y “crossfit”.
Después tiene que hacer que todas las personas que estén a su alrededor se den cuenta de que usted se volvió “fitness”. ¿Cómo hacer esto?, simple: compre ropa para hacer deporte, siga un par de cuentas que hablen sobre todo este tema en Instagram y pague la mensualidad en un gimnasio al que vaya mucha gente, tómese una foto el primer día, si es sudado, mucho mejor, si es con un amigo, usted ya va en la mitad del curso.
Que en el desayuno no le falte la avena, las claras de huevo, la media arepa, la porción de fruta y la “bendita” leche de almendras; la visita semanal a los mercados de cada esquina con un nombre puesto por una nutricionista neohippie donde venden todo tipo de semillas, frutos secos, quesos, leches vegetales, barras de proteína y cualquier cosa que aporte grandes cantidades de estas moléculas, ya que al parecer y según los gurús del “fitness”, hay que huirles a las grasas y a los carbohidratos.
Si tiene antojo de una hamburguesa no se la puede ir a comer en paz, tiene que llamarle al evento “cheatmeal” y subir una foto. ¡Ah, y solo lo puede hacer una o dos veces por semana!
No se ponga a hacer gracias que su nutricionista vía Instagram o su entrenador de gimnasio no le han permitido hacer, del azúcar ni hablar, es veneno y ahí no hay negociación que valga y al gluten, así ni sepa qué es, también le tiene que correr.
Y como decía la abuela de un amigo “en mi tiempo nadie se cuidaba tanto y vea, yo soy flaca y tengo 93”, se trata de no obsesionarse y no llevar todo a extremos, de tener cuidado con un desorden alimenticio, de no atentar contra la salud y de comprender que es más de equilibrio y de constancia que de radicalismo.
Eso sí, fíjese que el marrano del 31 no vaya a terminar siendo usted, pero relájese y disfrute, que para eso es la vida y para eso es diciembre, ya en enero se preocupa por terminar siendo parte de ese 99.9% de la población que paga la mensualidad del gimnasio, va una semana y nunca más vuelve a ir hasta enero del otro año.
Publicado en: http://www.elcolombiano.com/reglas-para-ser-fitness-CC848499

lunes, 2 de noviembre de 2015

Círculos

Circunferencia.(Del lat. circumferentĭa).1. f. Geom. Curva plana, cerrada, cuyos puntos son equidistantes de otro, el centro, situado en el mismo plano. [RAE]

Estas son historias separadas a una misma distancia, son punto y aparte, son puntos y coma, son puntos finales separados a una misma distancia, es el día, la rutina, el amor, los cuentos, las alegrías, las tristezas, separados a una misma distancia de esas fibras, de esas experiencias que están nuestro centro y que solo a veces nos permitimos tocar.